lunes, 22 de junio de 2009

Líbero


LIBERO
(Anche libero va bene)
Italia, 2006.

Dirección: Kim Rossi Stuart.
Guión: Linda Ferri, Federico Starnone, Fancesco Giammusso y Kim Rossi Stuart.
Fotografía: Stefano Falivene.
Música: Banda Osiris.
Intérpretes: Alessandro Morace, Kim Rossi Stuart, Barbara Bobulova, Marta Nobili, Pietro Da Silva.

La sorpresa ya lleva un año. En la edición 2006 de la Quincena de los Realizadores del Festival de Cannes impresionó el repunte del cine europeo de autor. De cinematografías que parecían perdidas para la causa, como la española o la húngara, asomaron films luminosos, fuera de lo común. Y de Italia, que también daba la impresión de ser irrecuperable, apareció Anche libero va bene, ópera prima como realizador del actor Kim Rossi Stuart, cuyo estreno ahora en Buenos Aires –bajo el sintético título de Libero– viene a confirmar la solidez y la sensibilidad de esta película infrecuente, compleja, que no debería pasar inadvertida.

El hecho de que su protagonista sea un niño no debería llamar a engaño. Desde su refundación con el neorrealismo, el cine italiano ha privilegiado la mirada infantil, para bien pero también muchas veces para mal. Lo notable del film de Rossi Stuart es la manera en que asume esta tradición sin traicionarla y sin bastardearla, evitando en todo momento la infección sentimental. Libero es un film cálido pero duro, seco, que jamás cede a la tentación de la extorsión o la lágrima.

Tommi tiene once años y vive con Viola, su hermana mayor, y con su padre, Renato (el propio Rossi Stuart). La madre es algo más que una figura ausente: es motivo de silencio, de furia, un anatema. Dejó la casa familiar más de una vez –poco a poco se irán infiriendo los motivos, que tienen que ver con su desequilibrio emocional– y ahora Renato la lleva como puede, con un orden por momentos marcial, que él mismo se encarga de socavar cuando por la noche les permite a sus dos hijos compartir con él la tibieza de la cama matrimonial, donde él también se siente solo.
"Te voy a mandar a la Academia Militar”, grita exasperado Renato cuando no consigue despertar por la mañana a Tommi para ir al colegio. Y los gritos de ese padre son verdaderamente terribles. El inteligente uso del sonido los vuelve metálicos, hirientes, casi más que si levantara su mano. Pero Tommi no le teme a su padre, más bien lo padece, lo comprende, con una rara madurez, con un equilibrio que lo pone en el lugar de una figura adulta, a diferencia de ese hombre y esa mujer que parecen niños a pesar de ser sus padres.
Para ser un actor asociado hasta ahora a personajes de galán, Rossi Stuart no se reservó precisamente un papel agradable. Renato no es por cierto ningún villano, pero en sus actitudes cotidianas se revela un rencor, un oscuro resentimiento contra el mundo que lo vuelve muchas veces estúpidamente orgulloso, obsecado, odioso, preocupado por un dinero siempre escaso y que él ve magnificado exageradamente en los demás. A Viola, su hija mayor, la cuida, la mima pero también le grita por naderías. Y de Tommi exige lo que Tommi no quiere: que sea un eximio nadador, cuando él querría conformarse con jugar al fútbol con los compañeros de su escuela.
Una de las muchas virtudes del film de Rossi Stuart es la relación que impone entre sus personajes, que es una relación afectuosa, familiar pero también laboral. En esa casa cada uno tiene sus obligaciones, su trabajo, que los chicos no necesariamente cumplen, por el solo hecho de ser eso, niños. La puesta en escena de Rossi Stuart acentúa estas tensiones entre padre e hijos con una rara sobriedad, elaborando sentido a partir de planos cortos, cerrados, donde privilegia no sólo el cruce de miradas sino también la relación entre los cuerpos: las caricias, los manotazos, los empujones.
En la neurosis de esa familia hay una permanente dicotomía entre ternura y violencia que remite al universo de John Cassavetes antes que al de Nanni Moretti, que a priori podría parecer el modelo de Rossi Stuart, aunque más no fuera por su doble calidad de actor y director. Pero Libero no habla en primera persona, como el cine de Moretti, sino en tercera: el punto de vista es siempre el de Tommi, el del hijo, y es a través de sus ojos que el film de Rossi Stuart va elaborando la figura difícil, compleja, contradictoria del padre.


Fuente: Página 12

martes, 9 de junio de 2009

Burn-E


En la mente de Pixar, sus cortometrajes ocupan un lugar privilegiado. Sobre ellos preparan sus siguientes proyectos, a sus futuros directores, y realizan las pruebas que luego tienen pensando incorporar en sus próximas películas. Dentro de sus películas breves, éstas aparecen divididas entre las que acompañan a uno de los largometrajes, como preámbulo al film, y los que van incorporados como extras en el lanzamiento del DVD de la película. En el caso de ‘Wall-E’, sería ‘Presto’ el ejemplo para el primer caso, y ‘Burn-E’, que es el trabajo que hoy os traemos, como ejemplo para el segundo caso.
La diferencia entre uno y otro estriba en la temática del mismo. Mientras Presto tiene completa independencia sobre la trama, Burn-E va tener la historia relacionada directamente con los personajes de la película de la que depende. Así, en esta ocasión, tenemos a un robot de reparación, responde al nombre de Burn-E, que tiene que arreglar un desperfecto ocurrido en exterior de la nave, y se queda atrapado fuera de la misma, cuando Eve y Wall-E regresan de nuevo a bordo tras su baile por el espacio. A partir de ahí, nuestro nuevo robot, se las tendrá que ingeniar para volver al interior de la nave espacial.
Sin ninguno genero de dudas, la grandeza de Pixar reside en sus guiones (gráficos, como si de un tebeo se tratase, donde dan orden a la historia). Sobre esa base construyen el armazón de lo que luego dibujan. Y en este cortometraje vuelven a rizar el rizo. No sólo por situar argumentalmente el desarrollo de la odisea de Burn-E en pleno hilo argumental de la película, sino porque le dan explicación a todo lo que tiene que sufrir este robot, provocado involuntariamente por Wall-E. Para ello retoman dos de las mejores secuencias de la película, la del viaje espacial de Wall-E a través de la vía láctea y el baile del extintor con Eve, introduciendo ambas secuencias dramáticamente en la historia, para alegría del espectador.
Cierto que, este ‘Burn-E’, no es ‘Presto’, ni ‘Lifted’, pero sigue mostrando el camino que ilumina los pasos de los cortometrajes de Pixar: los clásicos de la animación de toda la vida y los clásicos del cine mudo como Charlot o Buster Keaton. De nuevo estos robots tienen más vida que cualquier personaje de carne y hueso. De nuevo, la dosis anual de Pixar se sigue esperando como agua de mayo. Da igual si la obra es mejor o peor que otras. El nivel sigue siendo elevado. Y uno lo agradece siempre.

lunes, 1 de junio de 2009

El Don Quijote de Terry Gilliams


Terry Gilliam vuelve al Quijote

"Necesito una joven Penélope Cruz con la locura y el peligro de 'Jamón, jamón"
Un cierre en falso que los agoreros ya habían pronosticado cuando su presupuesto se redujo de 40 a 32 millones de dólares (de 28 a 21 millones de euros) y Gilliam no pudo ensayar previamente con ninguno de los actores protagonistas (Johnny Depp, Jean Rochefort, Vanessa Paradis o Jonathan Pryce), repletos de compromisos; y que se cumplió tras unas impresionantes inundaciones en el lugar de rodaje, las navarras Bardenas Reales, que convirtieron el desierto en un lodazal y destruyeron los decorados, y una doble hernia discal en la columna del quijote Rochefort, que le impide desde ese día montar a caballo.

De todo aquello quedó un documental, Lost in La Mancha, de Keith Fulton y Louis Pepe, contratados para filmar el making of y que acabaron rodando el unmaking of, el testimonio sobre cómo no se hizo The man who killed Don Quixote.

Hace un mes, Gilliam, el creador de Brazil, Doce monos, El rey pescador y que en el pasado Cannes presentó El imaginario del doctor Parnassus, anunció que volvía a la carga, que cabalgaba de nuevo con su Quijote. "Le dediqué 10 años de mi vida entonces y mi mente ha seguido en él", confiesa. El cineasta ha pasado el fin de semana en Ibiza, recibiendo un homenaje en la tercera edición de su festival internacional de cine IFF. En los últimos siete años, Gilliam ha estado batallando contra los abogados de las diferentes compañías de seguros que se habían quedado con los derechos del proyecto y del guión.

Hoy, apoyado por el prestigioso productor Jeremy Thomas, vuelve a tener la sartén por el mango. Buena imagen para un gastrónomo voraz, que charla sobre el proyecto mientras comienza una opípara comida, junto a su mujer y su asistente, en dalt vila, el casco histórico de Ibiza. Con una de sus llamativas camisas, Gilliam rememora entre risas -nunca, ni hablando del fallecido Heath Ledger ("Era el mejor de su generación, y muy divertido, no un torturado como dice la leyenda"), protagonista de su Doctor Parnasus, le abandona la sonrisa- todas sus desventuras. "Claro que rodaré en España. Será en primavera y este julio ya estaré en Madrid preparando la preproducción. Pero no volverá a las Bardenas. "Es una lástima, porque es un sitio bellísimo e impresionante, pero sólo vale para hacer anuncios", y se aprieta una croqueta de diseño.

El director se refiere a la imposibilidad de filmar con sonido directo en el paraje navarro, por la cercanía de un campo de tiro para aviones de la TAN, hecho que no descubrió hasta el primer día de rodaje del viejo Quijote, cuando empezaron a oírse un reactor tras otro cada 15 minutos. "Sólo volveré si la OTAN quiebra, y sospecho que eso no va a ocurrir".

"Durante todos estos años sabía que tenía un guión perfecto, y ni lo miré. Hace unos meses lo leí de nuevo, ¡y lo he reescrito!". Se echa a reír. "Muchas cosas han cambiado en el inicio porque muchas cosas han cambiado en la actualidad. Incluida la crisis económica, y el triunfo de los ineptos en Hollywood. Nunca quise adaptar el libro como tal. Es grande y perfecto. Yo quería, y quiero, usar Don Quijote y algunas de sus aventuras para sentirme libre, probablemente como haría el mismo Cervantes. ¡Deberías preguntarle a él!". El hilo argumental sigue igual: un ejecutivo londinense (Johnny Depp) viaja al siglo XVII y a España, donde Don Quijote lo confunde con su Sancho Panza. "Todo el mundo dice conocer muy bien a Don Quijote. Me pasó en 1990. Un productor me propuso la idea, la acepté y después leí la novela. Cambió mi percepción por completo. Es maravilloso, y la segunda parte, moderna. Pirandello firmaría cada palabra del segundo libro. Pero es imposible adaptarlo y yo necesitaba libertad para que el público actual entendiera aquella época. Por eso inventé al ejecutivo. Ahora he ido haciéndolo más autobiográfico. Y todavía lo estoy reescribiendo. Por ejemplo, ahora hay un director que quiso rodar un Quijote con habitantes de un pueblo español, y uno se cree el caballero. Es una trama peligrosa y no sé hacia dónde me va a llevar".
Orson Welles persiguió como un poseso toda su vida a Don Quijote. "¡Rodó durante años! De ahí no podía salir un buen trabajo". Chaplin acarició secretamente el proyecto. "Para mí es importante, pero no fundamental. La gente razonable me decía: 'No pierdas el tiempo, abandónalo'. Y por eso he seguido tras él. No sé si tendré más o menos presupuesto que en 2000. Depende de quién esté. Johnny está muy ocupado con sus Piratas del Caribe, pero, como siempre, me dijo: 'Llámame y allí estaré'. En cuanto a Don Quijote, aún no lo tengo claro. Ni siquiera he pensado en nombres. Aunque seguramente será europeo. ¿Tienes alguna propuesta?".
También anda buscando una Dulcinea. "Tendré actores españoles. Rossy de Palma se ha ofrecido. No, no será Dulcinea. Pero creo que estará. Para Dulcinea necesito una joven Penélope Cruz, de unos 20 años. Con la locura y el peligro que emanaba Cruz en Jamón, jamón. ¿Por qué no lo hace tan bien en Hollywood? En fin, a lo mejor contrato a una argentina o una brasileña. Pero no tendrán lo que una española: fuego en la mirada ¿Existe ahora alguien así?".
Terry Gilliam echa la vista atrás, picotea una ensalada y se autodefine: "¿Mi carrera? Hombre, no he matado a nadie. Me siento un soñador como Don Quijote y duro trabajador del día a día como Sancho Panza. Perfecto para mi personalidad esquizofrénica. Pero en serio, he hecho un puñado de buenos filmes. Tengo una teoría: he hecho menos malas películas que otros cineastas".