lunes, 3 de agosto de 2009

El cine de John Cassavetes 1era. Parte

El cine de la vida

"Lo primero que todos quieren saber de una película es si tiene mucha acción o si es “aburrida”, si trata de problemas imaginarios que no existen en la realidad. Pero esta (A woman under the influence) es una película que sí tiene que ver con la gente. Para mí, lo aburrido es ver una película que no tiene nada que ver con mi vida. Creo que lo único interesante de las películas es ver una relación entre un hombre y una mujer."JOHN CASSAVETES.

Esencialmente, Cassavetes no filmó nunca historias, sino estados de ánimo. Un ejemplo de esa atención a las rugosidades y texturas emocionales, antes que a las causalidades del argumento, es Faces, pero también la espléndida Maridos (Husbands), filme que le permitió elaborar la muerte de su hermano. Maridos empieza con un entierro al que acuden tres amigos, encarnados por Peter Falk, Ben Gazzara y el propio Cassavetes. De regreso a casa, uno de ellos se resiste a subsumir lo ocurrido en el engranaje de la costumbre y rechaza la idea de regresar a su casa para ingresar a su vida cotidiana de trabajo, mujer e hijos. A partir de ese punto, lo que sigue en el filme son una serie de situaciones como discutir en el metro, jugar y perseguirse en las calles, nadar en una piscina, emborracharse, decidir tomar un vuelo a Londres, ligar con tres muchachas, meterse en una casa de apuestas y, finalmente, regresar a casa. Todo lo ocurrido es, por supuesto, su manera de estar juntos y de protestar por ese absurdo de la muerte.De todas estas escenas que pueden ser consideradas episódicas e intercambiables, en tanto no tienen una férrea causalidad, la famosa escena de la borrachera es antológica: los personajes de Falk, Gazzara y Cassavetes están sentados en una amplia mesa de una taberna junto a unas diez personas más, que deben haber conocido allí mismo. La mesa está repleta de jarras de cerveza. Cuando empieza la escena, cada uno, por turnos, canta una canción. La ebriedad hace que, de rato en rato, se interrumpan, suelten risas desencajadas, murmuren, etc. Cuando le llega el turno a una tal Leona, mujer de unos 70 años, esta empieza a entonar una canción y Gazzara y sus compinches la interrumpen. Le dicen que es terrible, que canta sin sentimiento, que es impostada. Una y otra vez, Leona reempieza su canción y, una y otra vez, la cortan para gritarle, para implorarle, para besarla, para sacudirla y obligarla a que cante “from the heart”, desde el corazón.

El amor y los personajes.

Desde Sombras (Shadows) hasta Love Streams, todos los personajes de sus filmes están atravesados por el amor, su pérdida, búsqueda, carencia o celebración: en Sombras, las asperezas y vaivenes de los amores interraciales; en Faces, la separación de una pareja; en Husbands, la muerte de un amigo; en A woman under the influence, el costo de amar a alguien que está más allá de lo que llamamos normalidad; en Así habla el amor (Minnie and Moskowitz), el encuentro de dos tenaces solitarios; en The killing of a chinese bookie, la soledad de quien vive para la noche; en Opening Night, el temor a envejecer y el amor por el teatro; en Love streams, el intento de estirarse mutuamente la mano de dos hermanos ya mayores. Por eso, sus mejores filmes pueden ser vistos como una secuencia de “estudios”, a la manera de los bocetos de un pintor, sobre las resonancias del amor o su ausencia en sus personajes.“Necesito que los personajes analicen en serio qué es el amor, que lo maten, que lo destruyan, que se hagan daño”, escribió el propio Cassavetes. Con una concepción tan clara de su cine, era natural que el foco de sus filmes estuviera puesto en los actores y en su performance antes que en cualquier otro aspecto de la puesta en escena. Por eso, planteaba a sus directores de fotografía que las locaciones tuvieran tan solo una iluminación general para que sus actores se puedan desplazar por donde quisieran, sin tener que pensar (y distraerse) en detalles como no estar en una zona iluminada. También, el director escribía y reescribía sus guiones una y otra vez, luego de cada ensayo, compulsiva, tenazmente, buscando atrapar la “espontaneidad” y la “verdad” que iban surgiendo de cada exploración a que sometía a sus actores. Esa es la razón por la que se extendió el mito de que su cine era producto de la “improvisación”: parecía la vida misma.

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