viernes, 17 de abril de 2009

Guillermo Arriaga- Guionista.

Aquí les dejo la primera parte de una entrevista a Guillermo Arriaga, guionista mexicano, con quien tuve la suerte de participar en una charla que dió hace unos años en la FUC.
Popularmente conocido como guionista de películas como: "Amores perros" "21 gramos" "Babel" "Los tres entierros de Melquiades Estrada" y ahora en la escritura de "Lejos de la tierra quemada".

¿Qué se necesita para hacer un guión?
Primero tienes que saber qué quieres hacer con tu vida: ser escritor o ser guionista. Escritor es el que tiene un mundo que entregar en la obra de cine, y guionista es el que escribe una guía y supedita su imaginación a la de otros. Siempre he hecho esa distinción. ¿Tú qué eres? ¿Un tipo que pone su pluma al servicio de las ideas de otros, o un tipo que crea un mundo particular y lo comparte con alguien?

Tú te defines como un escritor de cine, no como un guionista...
En este negocio, como en todos, te compran como te vendes. Si te vendes como alguien dispuesto a hacer lo que sea con tal de que lo filmen, así te van a comprar. Si tú eres alguien que quiere presentar una obra sólida y arriesgada, te van a considerar como lo que eres: un escritor.
¿Qué más tiene que ser un guionista?
Tiene que ser eficaz a morir: encontrar la imagen, la palabra, el movimiento y el diálogo precisos. Tiene que encontrar una estructura que no tenga desperdicio, y también el tempo y el tono precisos para decir lo que quiere decir. El tono es esencial. Para mí, escribir un guión es exactamente igual que escribir una novela: me tardo dos o tres años en terminarlo.

¿Te planteas el género desde el principio?
Depende: a veces sí, a veces no. Como ya te dije, Amores perros eran dos novelas frustradas, que encontraron una forma eficaz en el guión. La mayor parte de mis novelas son tramposas: parecen visuales, pero suceden hacia adentro. Un dulce olor a muerte cuenta lo que le pasa por dentro a Ramón; El búfalo de la noche cuenta lo que le pasa por dentro a Manuel. En realidad los paisajes son interiores: son novelas muy anticinematográficas. El guión es distinto: es sólo visual.

Eres boxeador aficionado y practicante de múltiples deportes. No tomas, no fumas, nunca le has entrado a la droga.
¿Lo que más te gusta hacer es cazar?
Para mí es fundamental. Mis hermanos cazamos, y yo llegué a la cacería por instinto, no existía ninguna tradición familiar.
Mis papás son parte clave en mi vida. A mí me enseñaron que el dinero vale madres. Siempre me dijeron: tú dedicate a lo que te gusta, y si en eso crees no lo sueltes. Yo me defino más por lo que he dicho que no, que por lo que he dicho que sí. Casi digo que no a todo. Tengo muy claro a dónde quiero llegar.

¿A dónde quieres llegar?
A partir de mis problemas del corazón, a los 23 años, me di cuenta que te puedes morir a la edad que sea. Yo pienso que el hombre se define por la obra que realiza. Yo quiero hacer una obra que hable por mí, y que mis hijos puedan decir: a lo mejor nos morimos de hambre pero la obra de mi papá ahí está. Creo que no hay por qué ser condescendiente con uno.

¿A qué hora escribes?
De diez de la noche a cinco de la mañana. Mi temor es que mis hijos siempre piensan que su papá es un hombre dormido.

¿Se vive de ser guionista?
Yo me considero más un escritor que un guionista, porque pienso que un guionista es quien pone su oficio al servicio del director, y yo no hago eso.
Yo me considero un escritor que tiene un mundo particular que proponer, y pienso que soy cocreador de la obra. Yo hago esta división arbitraria y me considero un escritor de cine y literatura, un narrador, no un guionista de cine.
Escribo los guiones con el mismo rigor que pongo en mis novelas. Cuido el estilo, los tiempos, los diálogos, los espacios. Apunto indicaciones para poner la escena, pienso en el ritmo de la producción y en los costos.

-Flaubert decía que una buena obra es ochenta por ciento trabajo y veinte talento, ¿eres obsesivo de esa manera?
-Bueno, a la manera de cualquier escritor; aunque mi tradición literaria pertenece más a la de Sthendal. Flaubert se preocupaba más por el estilo y Sthendal más por la vida. Me interesa la tradición de escritores como el mismo Sthendal, Dostoievski, Tolstoi, Faulkner, Rulfo, que quieren contar historias. Rulfo al dar un taller literario en México decía a los alumnos: "que la palabra cuente, no cante". O como decía Pío Baroja: "esa cuerda de papanatas que creen que la literatura es un runrún". Para un crítico la buena literatura es la que tiene ese sentido. Sin embargo, a la larga el escritor puro es el que queda.

¿Y para qué contar historias? ¿Para qué crear?
Cuando era muy joven hacía un programa de radio, y me encontraba en una cacería con unos campesinos, de pronto se empezó a escuchar mi programa y los campesinos lo comentaron. La cultura es eso, es lo que le hace al ser humano crear tejidos, diálogos y cuestionamientos. Creo que la cultura incide en la composición de la sociedad; el arte no da respuestas pero te permite formular preguntas.

¿Podemos seguir hablando de una industria cinematográfica en México?
Allá se hacen diez películas al año y en Argentina como sesenta. En los años cincuenta el cine en México era la industria más importante después del petróleo; se producían más de ciento veinte películas al año. En el caso mexicano puedo asegurar que ya no hay industria de cine.

¿Qué ha pasado?
La primera razón es que el productor obtiene muy poco dinero del egreso. Por otra parte, hay algo que he entendido del cine latinoamericano, y es que como te vendas, te van a comprar. Si tú te vendes como que haces peliculitas, la gente te va a comprar así. Pero si haces una obra donde te vas a romper la madre, puedes decir como Faulkner: "prefiero ser conocido por mis grandes fracasos que por mis pequeños éxitos".

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