
«La buena vida», la última película de Andrés Wood fue recientemente elegida como Mejor Película Extranjera de Habla Hispana en la última edición de los Premios Goya.
Este film que en Argentina se estrenará por agosto, es una película funciona como un espejo, las tres historias; la de la madre con la hija embarazada, el músico frustrado en Carabineros y el cuarentón que vive con su madre; tienen ingredientes muy reconocibles por todos los espectadores con los que se pueden sentir identificados.
La tristeza, la frustración, los problemas de pareja, la separación, la juventud, el paso de la vida y la decepción se van mezclando poco a poco, y pareciera que se va plasmando en la pantalla grande, nuestras propias vidas.
Su director, afirma que es una película coral más bien al estilo de Robert Altman y sus "Vidas Cruzadas" que las de Alejandro Gonzalez Iñarritu o las escritas por Guillermo Arriaga.
La simpleza de la película es total, no hay una idea de cerrar las historias, ni de llegar a una conclusión final sobre esta extraña sociedad santiaguina. “
"La Buena Vida” se desarrolla en lugares que todos parecemos conocer de una manera u otra.
En los títulos de crédito de la película, en la que Wood firma el guión junto a Momoun Hassan, se lee la etiqueta de "inspirada en historias reales" y es que fue posible "gracias a los relatos de gente muy sencilla" que "abrió su corazón" para ayudar a construir los personajes de Teresa, Edmundo, Mario o Patricia.
Teresa (Aline Kuppenheim) es una psicóloga que da clases de sexualidad a prostitutas y cuya hija de 15 años se queda embarazada; Mario (Eduardo Pacheco) es un joven clarinetista que quiere entrar en la Orquesta Filarmónica, pero que termina en el Orfeón de Carabineros, Edmundo (Roberto Farías), un peluquero que se debate entre usar un crédito para comprarse un coche o pagar la tumba de su padre; y Patricia, una prostituta enferma que no quiere aceptar ayuda.
Este film que en Argentina se estrenará por agosto, es una película funciona como un espejo, las tres historias; la de la madre con la hija embarazada, el músico frustrado en Carabineros y el cuarentón que vive con su madre; tienen ingredientes muy reconocibles por todos los espectadores con los que se pueden sentir identificados.
La tristeza, la frustración, los problemas de pareja, la separación, la juventud, el paso de la vida y la decepción se van mezclando poco a poco, y pareciera que se va plasmando en la pantalla grande, nuestras propias vidas.
Su director, afirma que es una película coral más bien al estilo de Robert Altman y sus "Vidas Cruzadas" que las de Alejandro Gonzalez Iñarritu o las escritas por Guillermo Arriaga.
La simpleza de la película es total, no hay una idea de cerrar las historias, ni de llegar a una conclusión final sobre esta extraña sociedad santiaguina. “
"La Buena Vida” se desarrolla en lugares que todos parecemos conocer de una manera u otra.
En los títulos de crédito de la película, en la que Wood firma el guión junto a Momoun Hassan, se lee la etiqueta de "inspirada en historias reales" y es que fue posible "gracias a los relatos de gente muy sencilla" que "abrió su corazón" para ayudar a construir los personajes de Teresa, Edmundo, Mario o Patricia.
Teresa (Aline Kuppenheim) es una psicóloga que da clases de sexualidad a prostitutas y cuya hija de 15 años se queda embarazada; Mario (Eduardo Pacheco) es un joven clarinetista que quiere entrar en la Orquesta Filarmónica, pero que termina en el Orfeón de Carabineros, Edmundo (Roberto Farías), un peluquero que se debate entre usar un crédito para comprarse un coche o pagar la tumba de su padre; y Patricia, una prostituta enferma que no quiere aceptar ayuda.
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