Recomendaciones para el Bafici de este año:
Gigante, de
Adrián Biniez (2009, 90', Uruguay/Argentina/Alemania/Holanda). Esta opera prima del argentino -residente en Montevideo desde hace cinco años- Biniez narra la historia de Jara (Horacio Camandule), guardia de seguridad que trabaja por las noches en un supermercado. A través de las cámaras de vigilancia se enamora de (y se obsesiona con) Julia (Leonor Svarcas), una de las empleadas de limpieza del lugar. El “gigante” del título no se anima a establecer contacto con su objeto del deseo y continúa con su práctica voyeurista (también la sigue por la calle) hasta que un conflicto gremial provocará un brutal cambio en su actitud. Con una puesta en escena muy rigurosa y cuidada (que incluye la utilización de las imágenes de las cámaras de seguridad como parte esencial del relato), Biniez saca el máximo provecho de sus dos intérpretes (de formación teatral y escasa experiencia en cine) y apuesta por un tono liviano y por momentos cómico, que evita caer en el comentario obvio sobre la soledad e incomunicación social (Vista en el Festival de Berlín 09) –
Jerichow, de
Christian Petzold (2008. 93', Alemania). Uno de los más importantes representantes (junto a Thomas Arslan o Valeska Grisebach) del Nuevo Cine Alemán, Petzold construye una pieza de cámara con forma de triángulo amoroso sobre el cual navega con pulso firme, escudado en su aguda y ultra-precisa puesta en escena, atenta a la más pequeña variación sensorial y atmosférica del relato. De hecho, Jerichow es probablemente la película con la narrativa más sintética, rigurosa y enigmática desde Una historia violenta, de David Cronenberg. En un amago de pseudo-remake de El cartero llama dos veces, Petzold encierra en un entorno rural a tres personajes cuya fortaleza y hermetismo aparente esconde heridas profundas. Sin embargo, más que sobre los traumas y las cicatrices del pasado, Jerichow aviva sus imágenes mediante la apelación frontal a las pulsiones físicas de los personajes (en forma de tensas esperas, rituales de observación, ardientes encuentros sexuales y violentas agresiones).
Tony Manero, de
Pablo Larraín (2008, 98', Chile). En el contexto de la dictadura de Pinochet se narra la historia de un personaje obsesionado con su imitación de Tony Manero, el personaje que interpretara John Travolta en Fiebre del sábado por la noche. El hombre ve la película una y otra vez, entrena con su conjunto y es capaz de todo -robo, estupro, asesinatos en serie- para montar su numerito y emular a su admirado personaje. Incluso accede a un programa de televisión de cuarta categoría que quiere encontrar “el Tony Manero chileno”. Pocas veces se ve en el cine latinoamericano un protagonista tan ruin y miserable como éste. Alfredo Castro es un actor excelente que sabe dar al protagonista la necesaria máscara siniestra en este film dramático y escalofriante, con una estética austera y naturalista, y que puede entenderse como una suerte de parábola del proceder pinochetista.
La Colorina, de
Fernando Guzzoni/Werner Giesen (2008, 66', Chile). Desde Alejandro Jodorowsky hasta Nicanor Parra, pasando por José Donoso y Pablo Neruda, casi todos los grandes autores de la literatura chilena de los últimos cincuenta años se enamoraron y encandilaron con la figura descomunal, impactante de la poetisa Stella Díaz Varín, precursora punk, anarquista, contestataria, vanguardista, talentosa e indomable. El documental en sí no tiene grandes hallazgos, pero el objeto de la investigación es tan fascinante que el resultado es ampliamente satisfactorio
La Nana, de
Sebastián Silva (2009, 96', Chile/México/Argentina). Excelente retrato de la sociedad chilena en el micromundo de la familia burguesa. Analiza el complejo rol que cumple la mucama, que ha criado a todos los hijos y ejerce un peculiar poder en esa familia con la que vive, y que es de alguna manera la suya. La relación de mutua dependencia con la patrona, el amor-odio hacia la hija mayor que está haciéndose mujer, el boicot a todas y cada una de las asistentes que le trae la señora, la rutina, su amargura y frustración están impecablemente tratados en un film que rebosa humanismo y desarrolla una crítica social (tal vez demasiado) moderada,. Todo hace pensar que el director conoce muy interiormente esta red social, y la mira con cariño. El valor de la amistad completa el cuadro moral. Un film pequeño, pero de grandes alcances, filmado con cámara en mano, ágil y por momentos divertido
Boogie, de
Radu Muntean (2008, 98', Rumania). Si bien Muntean no es un recién llegado (sus dos primeros films, Rage y The Paper Will Be Blue, ya habían tenido un amplio recorrido por el circuito de festivales), en Boogie se perciben las marcas de puesta en escena y la enorme jerarquía de las actuaciones vistas en varios de los recientes exponentes del cine rumano: el coguionista Razvan Radulescu, por ejemplo, es colaborador habitual de Cristi Puiu, mientras que la protagonista femenina es Anamaria Marinca, la actriz de 4 meses, 3 semanas y 2 días.El film arranca con una típica escena vacacional, con una pareja joven jugando en la playa con su pequeño hijo de cuatro años. El matrimonio, se intuye, tiene algunos desencuentros, pero estamos básicamente ante lo que podría definirse como una familia feliz. Boogie, tal el nombre del protagonista, recibe en ese resort veraniego la visita de dos viejos y bastante patéticos amigos de la secundaria a quienes no veía desde hacía mucho tiempo y esa presencia perturbará la precaria estabilidad familiar.
Achilles and the Tortoise, de
Takeshi Kitano (2008, 119', Japón). Kitano cierra lo que él llama su “trilogía del arte y el entretenimiento”, aunque perfectamente podría ser su “trilogía sobre la frustración artística”. Después de reírse de su figura pública en Takeshis y de recrear el bloqueo creativo en Glory to the Filmmaker!, Achilles… nos trae a un Kitano que, de nuevo, vuelve a hacer del inconformismo y la libertad sus principios de acción. Curiosamente, y a pesar de presentarse como una continuación a nivel conceptual de las dos anteriores, la película arranca en un registro desconcertante ¿Quién hubiera pensado que después de los ejercicios de vanguardia plástica de sus obras precedentes, Kitano se aposentaría, al menos durante la primera hora de Achilles… en un registro claramente clasicista, ortodoxo? Sobrio y contenido, el director de Flores de fuego nos acerca a la historia de un niño de familia rica (Machisu) obsesionado con convertirse en pintor que verá truncado su sueño después de que la empresa de su padre caiga en la bancarrota. El film se aboca entonces al melodrama, aunque suavizado con ligeros toques de comedia (un poco a la manera de El verano de Kikujiro). El arte como fuerza alienante (piensen en Charlie Kaufman, o mejor, en la gran Arrebato, del español Iván Zulueta). Por cierto, todos los cuadros que aparecen en la película (muchos) son obra del propio Kitano
Shirin, de
Abbas Kiarostami (2008, 93', Irán). El nuevo trabajo del maestro iraní es una empresa conceptual que queda claro desde su planteamiento: 114 famosas actrices de cine y teatro iraníes, más una estrella francesa (Juliette Binoche), asisten como espectadoras a la representación del poema persa del siglo XII, Khosrow y Shirin (un relato épico sobre un triángulo amoroso entre la princesa de Armenia, el rey de Persia y un escultor y arquitecto iraní). A partir de ahí, y como es norma habitual en el cine de Kiarostami, todo gira en torno a una desafiante dialéctica entre la transparencia y la opacidad. La puesta en escena del poema queda en un perpetuo fuera de campo mientras la cámara registra, en breves primeros planos, las reacciones de las actrices ante la representación. Como el coche que acogía los diálogos de Ten, la sala oscura de Shirin se erige como un espacio en el que las mujeres iraníes pueden entregarse con libertad a la expresión abierta de sus sentimientos (la película es un auténtico baño gestual de lágrimas y sonrisas), aun cuando los velos, que no dejan de tocarse y ajustarse las protagonistas, ponen de manifiesto el clima de represión social que impera en el exterior.
Mamachas del Ring (Bolivia) Si alguno creía que Mickey Rourke como luchador de catch era algo llamativo, esperen a ver Mamachas del ring. Aquí las que pelean son “mamachas”, cholas bolivianas, de las que venden productos en la calle y usan esas grandes y coloridas polleras. El apasionante documental de Betty M. Park las muestra peleando, volando en el cuadrilátero, y también cuenta la historia de su lucha fuera del ring. La inolvidable protagonista de esta película, Carmen Rosa, lidera la revolución de las mujeres indígenas en el mundo –dominado por hombres– del catch boliviano: Mamachas del ring muestra pioneras en su lucha pionera, el enfrentamiento con un “villano”, los viajes, los problemas del negocio, las tensiones con la familia. Y como si los golpes, las patadas voladoras, los personajes, las peleas fuera del ring y el descubrimiento de un universo desconocido fuera poco, por momentos esta película se vuelve animada en encantadora y a veces sangrienta plastilina.
Fuente:
http://www.otroscines.com.ar/