
Los otros días, vi nuevamente “The man who wasn´t there” de los hermanos Coen. Hacía mucho la había visto en el cine y al volver a verla (la tenía completamente olvidada en mi memoria) sentí que estaba frente a una gran película como hacía tiempo no veía.
Para empezar diría (y tratando de no pecar de pretencioso) que el film me hizo acordar mucho a la obra de Albert Camus, “El extranjero” con una gran dosis de cine noir (o policial negro como prefieran llamarlo).
Ed Crane (Billy Bob Thornton) es un barbero de una pequeña ciudad norteamericana, un sujeto aparentemente normal que lleva una vida tranquila y aburrida con su esposa. Pero Crane está lejos de ser normal. Al descubrir que su mujer mantiene relaciones con su jefe, elabora fríamente un plan para chantajear al empresario.

El guión de la película es redondo: a medida que la trama va siendo más compleja, a medida que los acontecimientos comienzan a generar otros nuevos, es cuando se percibe la maestría de los Coen: ningún diálogo desencaja y ninguna acción queda por explicar. Se trata de un guión clásico, de ritmo lento como la propia vida de Crane, con ligeros toques irónicos y esperpénticos a los que nos tienen acostumbrados los Coen.
Los Coen muestran una patente obsesión por los detalles de escenografía, figuración y reconstrucción de época. En “El hombre que nunca estuvo allí” podemos observar este detallismo a lo largo de toda la película. Ni que hablar de la bella fotografía en blanco y negro, que acentúa el policial de los años 50.
Otro punto común está en los personajes, excéntricos y siempre insertos en situaciones inusitadas que normalmente se resuelven de un modo imprevisible.
El origen de esta película tiene lugar, durante de otro buen film de ellos, como es el caso de “El gran salto”. Los hermanos Coen estaban sentados contemplando la fotografía de una peluquería (barbería) cuando empezaron a imaginar cómo sería la vida de un barbero.

Ed Crane, el protagonista, es un hombre de pocas palabras, fumador empedernido, esposo complaciente. Su vida no tiene demasiados sobresaltos hasta que un día entra a la “barbería” un chanta y estafador prometiéndole un gran negocio. A partir de allí, toma la decisión de actuar dejando de lado su pasividad. Crane, el hombre que nunca estuvo allí, decide tomar partido en su vida y es en ese instante cuando se pone en marcha la maquinaria del azar. Pero en un film de los hermanos Coen jamás se pueden controlar los hechos, el destino aún tiene que intervenir con una de sus ironías.
Muchos de sus detractores les han criticado precisamente su adicción a deconstruir el sueño americano a través de un método de trabajo que simplemente lo ridiculiza, que carece por completo de humanidad.
Esta película (ganadora de la Palma de Oro en Cannes en 2001) es una obra maestra altamente recomendada tanto para los seguidores como los detractores de los hermanos Coen.
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