
(Fragmentos de una entrevista- Mariana Enriquez)
A los pocos días de la presentación de "La mujer sin cabeza" todos los medios nacionales aseveraban: “Lucrecia Martel abucheada en Cannes”. La historia, cuenta ella, es así: en la primera proyección de la película en el festival francés, donde ella estuvo presente, el público aplaudió y pareció disfrutar de La mujer sin cabeza. En otra proyección, según le contó su directora de fotografía que estaba en la sala, un grupo de personas, en efecto, abucheó la película. No fue para tanto, pero la noticia fue recogida y terminó publicada en todos los medios argentinos. “Me acuerdo de tener que llamar desde Francia a mi mamá y a mis hermanos, que lloraban desesperados a las tres de la mañana, pensando que todo era un fracaso. Les dije que se queden tranquilos, que otra gente tenía otras opiniones sobre la película. Decir algo malo es negocio, y es mucho más notable ver caer a alguien desde el podio. Un podio en el que me han subido, al que nadie pidió que me suban. Desde que salió La ciénaga y le fue bien, yo no paraba de pensar en que me iba a tocar, porque lo había visto en miles de situaciones de otros. Me lo esperaba. Eso sí, nos obligó a retrasar el estreno, porque había que dar tiempo para que surgieran esas otras opiniones, nadie iba a publicar con la misma morbosidad algo bueno sobre la película.”
-“Yo creo que es mi película más argentina, y hasta diría más salteña, o del Norte en todo caso. Pienso que es un milagro que haya críticos de afuera que le encuentren un montón de valores. Hubo incluso un director de una cultura muy diferente a la nuestra que me escribió después de Cannes conmovido con la película; no me voy a poner a indagar qué le vio de fantástico, mejor si fue así, pero me extrañó porque a mí me parece que no se puede entender sin ciertos códigos. A alguien como Pedro Almodóvar, en cambio, le gusta y hace una lectura cercana, pero con él compartimos una lengua, una formación religiosa, una dictadura. Tiene una mirada entrañable sobre mi cine por muchas razones. Pero esta película sigue siendo muy regional en algún sentido. En Salta, por ejemplo, se ríen mucho con la película, porque enganchan ciertas cosas que en otros lados no tienen ninguna gracia. La referencia a monseñor Pérez la mencionaron un montón en Salta. Pérez era un obispo que dijo la famosa frase de que las Madres de Plaza de Mayo eran locas. Esas cosas las registra y las entiende nuestra pequeña historia regional. Y esta película la necesita, así como necesita el idioma castellano.”
Presentacion en Nueva York (Introduccion de Pedro Almodovar)
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