"Nos hemos convertido en una raza de mirones. Lo que deberían hacer es salir de sus casas y mirarse hacia dentro para variar." ALFRED HITCHCOCK, 1954.Acabo de leer que el amigo Spielberg fue acusado recientemente de plagio por una pelicula llamada "Disturbia"...
"¿Pero que película habrá plagiado?" se estarán preguntando, Uds. amigos del celuloide... "¿Exterminator, la de Francella?" NO. "¿Tango Feroz?, con Colin Farell haciendo de Fernan Miras?" TAMPOCO. "Entonces, seguro que plagió alguna de Darín..." (Esto nos permite abrir un abanico de posibilidades bastante amplio, dado que Darín actua de Darin en las aproximadamentes, últimas 20 películas argentinas). PERO NO...
Lo que el amigo Steve plagió es, ni más ni menos que... "La ventana indiscreta" del gran Alfred Hitchcock. ¡¡¡COME ON STEVE!!!
"Rear Window" fue una de mejores películas, que Hitchcock resolvió de manera extraordinaria. En ella confluyen tanto su destreza de narrador como su siempre punzante mirada hacia el individuo dentro del (yeso) de la sociedad y sus ritos extraños y secretos desarrollados en la soledad.Para el fotógrafo "quebardo" Jeffries (James Stewart) su aislamiento del mundo por incapacidad física es un vehículo para manifestar un voyerismo claro, del que será partícipe, de manera inevitable, también el espectador. El entretenimiento inocente de este hombre cuyo trabajo se basa en el sentido de la oportunidad, es el móvil perfecto para la obsesión del Hitchcock. Las ventanas son pantallas, que no son sólo los complementos de la acción que se desarrolla en ellas, sino las visiones cargadas de ironía del comportamiento social americano.
Lo que sucede con "La ventana indiscreta" es más un problema de forma que de contenido, una nueva concepción de la puesta en escena basada en el dominio de la complejidad.Decía Bazin, crítico realista francés, que en la película se aprecian claramente tres historias en una: el tema sexual, el de índole social y la mera intriga policíaca.
En la evolución del film hemos ido aprendiendo a convivir con ese fotógrafo aislado, voyeur obligado, así como hemos asimilado su obsesión, su inquietud o su inconformismo. El doble juego de Hitchcock, es decir observación-identificación, es una treta que envuelve al espectador incapaz de salir de la habitación pero a la vez introduciéndose en muchos lugares. El ejercicio escénico del director cobra una eficacia brutal y se encamina hacia la revolución del tratamiento del medio.

A ese mundo nos acercamos en esta metáfora que nos incluye también como los privilegiados espectadores de esta ventana indiscreta en que se convierte la pantalla. El voyeurismo es la esencia del arte cinematográfico y el malicioso Hitchcock se obsesionó con esa idea como lo hizo con otras costumbres (declaradas o no) de la convivencia en medio de esa no tan discreta burguesía que, con alma de siniestro satirista, revisa de pies a cabeza.
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